Fue una gran sorpresa darme cuenta que su amiga asistía con migo al curso de Metodología de Investigación. Haberla visto junto a la mona le daba ahora visibilidad, acaso por contraste. Esta era morena, crespa de cabello corto, más bien bajita, como la mayoría de muchachas de aquel tiempo, y con demasiados huesos. Me abstuve de abordarla antes de saber bien cómo podría servirme de puente para llegar hasta la muchacha de mis desvelos. Presté atención al llamado a lista del profesor y supe su nombre: Lili.
Volví a verla en una asamblea estudiantil en el bloque 46. Para ese entonces, la década anterior a la Constitución y lejos aún de una ley 30, el movimiento estudiantil demandaba justicia social a través de oportunidades de ingreso del pueblo a la universidad pública, con mayor participación, autonomía y gobiernos democráticos. Pero en particular se rechazaba ese atropello que inventó Belisario con el abusivo nombre de TSS, transporte sin subsidio, con el sofisma de un nuevo parque automotor de rayas verdes y blancas. Yo seguía con interés las emotivas y concienzudas intervenciones de los participantes, admirando sus cualidades de oratoria, y pasaba también revista a la actitud de los oyentes que se aglomeraban en los balcones de cada piso, que daban al patio. Entre tantos estudiantes logré distinguir a Lili. Juzgué que esta era la ocasión para abordarla, pues las circunstancias superaban las académicas, y mejor que una compañera era tener una amiga y luego, por supuesto, hacerla mi cómplice.
Me hice a su lado para probar si me reconocía. De inmediato me saludó aludiendo al curso a que asistíamos.
-Yo te conozco de antes -me miró alarmada y le aclaré- en el recital de Facundo.
-No te recuerdo -dijo- ese día estaba con unos amigos.
-Te vi de lejos - y con un dejo de timidez agregué- con la muchacha rubia.
-Con Luisa - sonrió y dijo con tono irónico- Los caballeros las prefieren rubias.
Me contó que pertenecía al programa de Agronomía, así como sus amigos del concierto. Luisa había desistido de este curso para tomar otro junto a Juan Manuel. Puso énfasis al pronunciar éste nombre, para inquietarme acaso, pero yo acentué mi interés por conocer a Luisa. Esto y otras cosas las fuimos dialogando poco a poco entre los discursos y propuestas de la asamblea. A cuanta pregunta le hacía ella agregaba a sus respuestas variados gestos de simpatía y me sonreía con pequeños y perfectos dientes blancos.
La mesa directiva propuso como primer tarea la promoción del movimiento entre todos los estamentos universitarios a través de un manifiesto de expresiones libertarias, que dieron en llamar "El galimatazo"; con grafitis, carteles, poemas y obras visuales. Otras acciones eran una barricada interrumpiendo el tráfico de la autopista, una movilización de protesta hasta los edificios gubernamentales y una verbena latinoamericana en la próxima luna llena. Animé a Lili a que participáramos en "El galimatazo" programado para la noche del martes siguiente y le urgí a buscar el muro de mi grafiti. Yo tenía unas ideas pero no quería revelar mis intenciones. Desde ese día se declaró la asamblea permanente con anormalidad académica y la invité a que celebráramos con una cerveza. Le pregunté de paso, como una pregunta suelta, qué camino solía tomar Luisa para entrar y salir de la universidad y por allí tomamos hacia Carlos E en busca de una tienda donde sentarnos a charlar.
Para saber algo de Luisa le propuse un juego de interrogatorio de respuesta binaria, que habíamos aprendido en clase de Metodología. Ella debería responder sí o no a mis inquietudes y con ellas especularía una idea de la personalidad de Luisa. Aceptó y empecé el cuestionario con el tema de la música:
- ¿Su música favorita es la balada romántica?
- No.
- Sin duda Camilo Sesto le debe parecer demasiado solemne y Leonardo Favio muy dramático. Pero se le notaba algo de florecita rockera.
-¿La música Rock?
- Uhm.
-Más bien ¿Pop?
- Sí.
- Es apenas obvio que los Beatles, pero también ¿Air Supply?
- Sí, siii... Lost in love and I don't know much...
Al cantar noté que sus labios eran delgados y secos, como urgidos de humedad.
- ¿Poesía Española?- probé esta pregunta a propósito que Serrat promovía en sus canciones la poesía de Miguel Hernández, de León Felipe, de Machado, de Alberti y de otros.
- No- y me sorprendí.
- ¿Neruda?- Pregunté con resignación
- Sí- y juntos recitamos el verso clásico, ella con enternecimiento y yo con ironía:
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
Cerraba sus ojos en tanto mecía la cabeza con la cadencia del verso. En un parpadeo aproveche para, me fue inevitable, bajar la mirada y ver como se inflaba su pecho cuando suspiraba. Sus senos pequeños cabían de sobra en una mano, pero se desquitaba con unas carnosas y redondas nalgas. Esto lo noté cuando me admiré de su buen estado físico para caminar, a pesar de estar tan flaca. De Carlos E hicimos estación por Boyacá para otra cerveza y nos tomámos las últimas en La Arteria. Le pregunté otras cosas sobre Luisa, pero no quise que se notara mucho la bobada, eso sí, antes de despedirnos, y convenir nuestro próximo encuentro, le hice prometer que no hablaría de mí a su amiga, hasta un momento oportuno.
Ese fin de semana me la pasé tramando mi particular "expresión" y ante todo buscando las palabras precisas y la figura perfecta. Simulé la situación para medir el tiempo necesario en escribir el grafiti, ordenar los movimientos y calmar los nervios. Hice pruebas con el aerosol para calibrar el trazo. El martes en la tarde me reuní con Lili en el bloque 21, rogando a Dios que no fuéramos a toparnos con Luisa. Yo guardaba mis provisiones de pinturas aerosol en mi jíquera (en ese tiempo no se usaba la mochila arhuaca, sino la jíquera de cabuya teñida con franjas verde y rojo) y también encaleté una botella de Viejo Tonel. Debajo de las ramas de un arbusto nos sentamos a beber y confabular. El vino me estimuló la risueña y nos divertimos de lo lindo repasando el plan. Su papel de campana le cayó en gracia y estaba ansiosa para acometer el acto. Insistió en que le revelara el mensaje del grafiti, pero me abstuve de comunicarlo para que no perdiera fuerza la expresión y mantener el efecto sorpresa.
El "galimatazo" daba libertad de expresión y sólo se pedía coherencia con el espíritu del movimiento, con la salvedad de no consentir con actos vandálicos. Dejaba a la iniciativa y la creatividad de los participantes los métodos y pedía concierto para el momento y el lugar: el miércoles el campus universitario debía madrugar ataviado de libertad. Cuando cayó la noche, era de luna nueva, se podía advertir algún movimiento sigiloso de sombras. También los vigilantes se movían con inquietud. Debíamos actuar rápido antes que advirtieran e impidieran la manifestación. El muro de mi grafiti estaba ubicado en un sitio donde nuestra sola presencia podía levantar sospechas. Una vez ubicado el recorrido de los vigilantes Lili tomó posición para servirme de campana, convenida como señal el ulular de un búho. Yo ya estaba entusiasmado por los vinos y una vez advertimos que no hay moros en la costa, procedimos a ejecutar el acto. Cuando me vi frente al muro estaba tenso y no identificaba bien qué color de aerosol tomé. Empecé dando forma a la figura de unos labios rojos y su entorno de pétalos verdes. Según el diccionario luisa era una flor con olor a limón. Yo asumí que tenía la misma forma de una margarita y a su lado escribí "Luisa: tus flores tienen aroma de limón y hacen agua mi boca". Por excitación o nerviosismo la letra me salió tan grande que el mensaje necesitó el doble del muro que había calculado. Lili me apuraba a escapar y sólo después de arrancar a correr me advirtió que faltaba la tilde en limón. Me devolví a corregir. Tiré luego los tarros a un matorral y con tumbos y carcajadas buscamos la salida de la universidad.
Atravesamos Carlos E, compramos en el Éxito otra botella de Viejo Tonel y nos fuimos a las mangas de Suramericana para beber y reír del suceso. No me acuerdo mucho lo que pasó aquella noche porque el espíritu del vino enturbió mi memoria, pero sí recuerdo que la euforia del momento me alentó a besarla. Al otro día no fui a la universidad ni me vi con Lili. Quería esperar a que el mensaje cobrara efecto en la destinataria.
