-Tu explicación del crimen, Cé, es aberrante -refutó Junior- te regodeas en la pornografía y terminas denigrando del buen nombre de los implicados. Calificar a Ana de ninfómana da más cuenta de tu lasciva imaginación que de tu cordura. Sin embargo das en el blanco al resolver la forma en que se entra al cuarto cerrado, dato que no aporta nada a la solución del caso porque, como bien dijo Sebastián, Ana y Jonás jamás llegaron a ningún tipo de trato y menos a un trato impúdico como el que acabas de referir. Es cierto que Jonás murió a consecuencia de una conmoción que no pudo soportar su corazón, pero no a causa de un gozo prodigioso, como el que pretendes hacernos concluir, sino por una penosa angustia que lo perseguía implacablemente.
-¡Señores!- dijo Junior ahora con solemnidad para reclamar la atención de sus contertulios- permítanme exponer mi teoría de este crimen: Jonás fue asesinado por un fantasma, o mejor dicho por una legión de espíritus. Lo más grave es que no ha sido la única víctima, se trata de asesinatos en serie que han cobrado también la vida de los padres de Sebastián y que probablemente reclamen pronto un nuevo mártir.
Ante semejante absurdo el joven de ojos acaramelados no supo si asustarse o escapar, pero antes de que se resolviera por cualquier cosa ya Carrasco le había puesto su mano sobre el hombro para evitar que se levantara de la silla o para tranquilizarlo. Se vio obligado a permanecer en su sitio y Carrasco le persuadió murmurándole al oido:- Pronto usted tomará cartas en este asunto, pero antes cultive el hábito de escuchar con paciencia-
"Mi versión de los hechos no sólo explicará la muerte de Jonás- prosiguió Junior-, dará luces sobre las razones que lo obligaron a usted, Sebastián, a alejarse de su círculo social, también ayudará a esclarecer el misterio de la consiguiente muerte de su madre y dilucidará de una vez por todas el motivo que llevó a su padre por el despeñadero de la desesperanza para terminar en el suicidio. Estas cosas tan graves e íntimas las supe por boca de mi mamá Marquita, a quien se las confió mi padre, Papá Senior, quien conoció a Don Juan Manuel García con ocasión de un negocio mutuo. Espero que estas revelaciones no lo incomoden, Sebastián, y le garantizo que esta explicación servirá para que triunfe definitivamente la verdad y ante todo salve el honor de su padre cuyo nombre ha sido vilmente mancillado por esta hipócrita sociedad antioqueña.
Debo referir antes algunos hechos que soportarán mi teoría. Primero hacer mención del conflicto que generó la petición de mano de la señorita Ángela Rosa, que hizo el próspero comerciante de textiles Don Juan Manuel García a la familia Gómez Echavarria. Para la época y el lugar ya era más que un atrevimiento que un plebeyo cortejara a una joven noble, peor aún si la familia era el emblema mismo de la antioqueñidad, pues llegaban a reclamar para sí ascendencias de Pedro Justo Berrío y del obispo Gómez Plata. Una gema de exquisita belleza y juventud, como era Ángela Rosa, incrustada en plata tan opaca como lo era el experimentado Juan Manuel y no en oro reluciente de los jóvenes pretendientes que la asediaban, generó tal alboroto entre los padres que se vieron en la obligación moral de convocar al concilio de eminencias familiares para pedir consejo. Aceptar como parentela a un hombre mayor sin abolengo ilustre era comenzar a ceder a la vulgaridad, aunque bien podría considerar como atenuante la millonaria riqueza que lo respaldaba. Juan Manuel era alto y elegante como un guerrero antiguo y aunque ese color oscuro de la piel lo podría delatar como mercader infiel, su distinguido nombre entre los grandes empresarios de la ciudad permitía confundirlo con los nobles de tradición. En rigor no hubo en la historia título nobiliario que no se comprara y este hombre parecía tener condiciones para anteponer al menos un Don a su nombre. Su fama de aventurero Simbad que había recorrido las tierras de la Fortuna bien merecía dignificarse llegando a su Destino de Marco Polo honrado por Kublai Kan. Después de mucho estimar su fortuna, objetar la edad y el color, considerar su humanismo y oponer su secularismo, los miembros del conciliábulo, entre los que se contaba dos prelados, un magistrado, dos curas, tres juristas y una monja, con la objeción única y radical del prelado más viejo, decidieron aceptarlo a regañadientes y programaron la solemnísima boda .
Toda Medellín, a través de las páginas sociales de El Colombiano conoció la vida de reina que Don Juan Manuel le procuró a la niña Ángela Rosa, con titulares como estos: "Los esposos García Gómez viajarán a Europa en peregrinación por Tierra Santa"; "El matrimonio de Don Juan Manuel García y la Señora Blanca Rosa Gómez regresan de visitar al Santo Padre y traen consigo el sello de bendición papal. Las comunidades religiosas de la familia Gómez los acogieron en sus casas provinciales"; "En peregrinación por Fátima y Lourdes la pareja de esposos Blanquita y Don Juan Manuel rinden culto a las apariciones de la Santísima Virgen". Todos viajes de carácter católico que incluían compra de reliquias y artículos religiosos y que no exceptuaban preciosas joyas y elegantes vestidos. La vida apacible en su mansión de Prado, dotada de jardines y salones para el recreo social y artístico de la hermosa Ángela Rosa, daban cuenta del amor y la veneración que le rindió su esposo. La refinada elegancia de princesa, su delicadeza en el trato, su don de gente, sus melindres con los niños y mascotas, su ternura para con los ancianos, su generoso desprendimiento, su escrupulosa religiosidad y su temor de Dios eran motivo de admiración en los altos círculos sociales de la Medellín de aquellos tiempos, que sin embargo no perdían ocasión para agregar otros comentarios a su personalidad y la juzgaban de virgen retraída, beata supersticiosa, tímida solapada y otros improperios propios de la envidia y del cultivado hábito de la maledicencia antioqueña.
En ese ritmo de vida llegaron a cumplir veinte años de matrimonio que celebraron con misa solemne y agasajo de familiares y amigos. Angelita, así se dieron en llamarla ese día tan especial, fue el centro de las atenciones y congratulaciones de la crema y nata de la sociedad. Después de una homilía de bendiciones a la pareja, modelo de sagrado matrimonio, el tema de conversación en la fiesta giró en torno a la cadena de hechos y actos que la feliz pareja vivió a lo largo de los años y que, tanto invitados como Medellín entera, conocieron por las páginas sociales de periódicos y semanarios. En cada mesa o grupo de reunidos los comentarios se aprobaban con un chín chín de copas exaltadas y la unión de opiniones daba un balance positivo de la vida matrimonial que tuvo por ápice del amor y la felicidad el nacimiento del hermoso niño Sebastián, el 20 de enero día del mártir romano. Cuando las copas y el entusiasmo aumentaron los reconocimientos a las virtudes se alternaban con ocurrencias, bromas y no faltó el chisme. De Don Juan Manuel se dijo que a pesar de haber sido cuestionado como masón por su indiferencia con las sociedades católicas terminó cediendo para hacer parte de la Sociedad del Santo Sepulcro y que abominando de la publicidad de las obras de beneficencia terminó por dejarse premiar por el periódico local con la medalla del Buen Samaritano y acto seguido alguien listó con mofa las obras de misericordia corporales a que daba cumplimiento su caridad: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, asistir al ... amén. De Ángela se dijo que conservaba la fineza y delicadeza de hacía veinte años pero no se esforzaba por ocultar las inclemencias que el tiempo marcaba en su cara, mientras Don Juan seguía tan entero y sensual. Sobre esta palabra: "sensual" conectada con la obra de misericordia: "dar posada al forastero" alguien amplió el comentario, probablemente una persona con mucho peso en la opinión, un preclaro doctor en derecho consuetudinario o canónico, sin duda un escrupuloso moralista y un maestro fariseo de la Ley dijo: "Un hombre tan generoso como para ser capaz de dar posada en su propia casa a una pobre mujer. Pero desinteresado..uhh." y una vez arrojó el fuego para que ardiera el infierno, salió y huyó.
De cómo ardió aquel hogar se contará en la próxima semana, para no abusar más del tiempo y gentil atención de nuestros lectores.