22 de julio de 2011

Misteriosa Medellín






Nos escribe desde el País Vasco Robespierre Quintero, compinche de los tiempos de la Arteria, quien agradece que esta página alimente la añoranza de tantos emigrantes que conservan un amor entrañable por esta ciudad. Trascribimos sólo unos apartes de su larga y emotiva epístola:

"...Veo que aun perduran las obsesiones por Poe y que pretenden dar a los misterios de "Los crímenes de la Rue Morgue" y "El escarabajo de oro", una vuelta de tuerca literaria con los crímenes y caletas del narcotráfico. Me pareció muy curioso que combinaran un caso policial con una explicación sobrenatural; Chesterton solía hacer lo contrario.
...Espero que a esta edad no sigan, ustedes mis amigos, abusando del consumo de alcohol, de la soledad y de la pobreza...
... Me parece maravilloso que Medellín tenga su propio Aleph; siempre creí que esa fantasía era un privilegio argentino. Acaso eso pueda ayudar a superar el estigma de narco-violencia que nos deshonra ante el mundo y coloque el nombre de Medellín, sino junto al de las ciudades cultas, al menos con el de las bien educadas, sin embargo espero que al Aleph de Manrique no lo conviertan en un lugar de peregrinación o en un destino turístico. Desde la distancia sigo siendo el rastreador de misterios que se unía a sus discusiones y este muevo dato me obliga a listar otra modalidad de enigmas medellinenses, por ello quiero compartir algunas indagaciones para su Fantástica Medellín...

Luego de una reflexión sobre la prolijidad de Medellín para crear misterios policiales, Robespierre explica, con una verdad de Perogrullo, que los casos que refiere la prensa no solo quedan impunes por cuenta de la ineptitud y negligencia de las autoridades sino también por la indiferencia y hasta la aprobación de la gente. Lamenta que el asesinato no respete ni a los turistas y cita con tristeza los casos del comerciante italiano Mantobani y de los franceses Tison, Vial y Graesel, por hablar sólo de los últimos años. Pero estas cosas nadie las quisiera recordar ahora que celebramos el mundial subveinte. Los criminales de Medellín no tienen escrúpulos de clase, de raza o de frontera y su frialdad es tal que pueden provocar titulares como "El misterio del cadaver en la alacena" que recuerda al fantástico Stevenson de Las nuevas noches arabes.

Pero nuestro viejo amigo Robespierre quiere contar una historia verdaderamente aterradora, de las que no han sabido nunca ni los tímidos escritores ni los pusilánimes periodistas. Dice que en una noche entre el lumpen se la oyó narrar al Barquillo, a Jaime Espinel, pero que nunca la llego a ver impresa como cuento entre sus libros y ahora que el flaco había muerto nos quiere referir el relato para que lo publiquemos en este "Fantástico Blog". Nos promete intriga, suspense y terror con la historia de un joven poseído por el demonio, que una noche de diciembre asesinó a su propia madre y al cura que intentaba exorcizarlo. Luego también murió en su ley, con cincuenta puñaladas, y cuando su alma iba en busca de su merecida condenación, el mismo infierno lo rechazó y tuvo que volverse a vagar y lamentar su destino por las calles y esquinas de su barrio.

Le contestamos que felicitamos su aporte pero que antes habremos de contar otras historias y esperamos la mejor oportunidad para publicar su asombroso relato, después de que también podamos atender las solicitudes de Esteban Carlos para publicar su ensayo "Teoría personal de la biblioteca" y de Héctor Abad que nos insiste con su inédito "Tratado de la Librería", muy a propósito ahora que se ha hablado de la Biblioteca en expansión del señor Monsalve y de la Biblioteca Herética del hermano Fernando.

Cierro este interludio con la posdata que Robespierre Quintero termina su carta. Nos parece tan charra que esperamos no abusar de nuestros lectores.

¿En qué va a terminar el caso de la habitación carmín?¿Cuando contará Casanova sus desventuras? Un abrazo a La Negra; supongo que Yoyó terminó casándose con ella, envíenme fotos de los niños. Y ¿será que la hermanita de Raúl Voltaire, a quien pretendí con tanto empecinamiento, se quedó biata? ¿Podré tener aún esperanza?
Abrazos a todos.

8 de julio de 2011

El arca milagrosa







- Ahora vera joven Ángel – dijo como empezando a aclarar el misterio -, la figura que da sentido a lo que buscamos y que apenas descubrí la misma noche que usted llegó al convento.

"Lo seguí al altar y en el sagrario me señalo la imagen de un cordero que izaba una crucecita sostenida con la pata delantera. Había en el trazo de las cuatro figuras anteriores una intención de imitar la composición de esta. No tenia las palabras Santo, Santo, Santo pero si las que correspondían al segundo y tercer renglón de las demás inscripciones. El hermano me pidió que tomara como referencia el punto en que se cortan las dos líneas de la cruz, para bajar la plomada.

- Tenemos los cinco puntos del pentagrama – dijo alargándome la madeja de hilo dorado-.

Amarra el extremo en la puntilla y lo llevas, templándolo, hasta la puntilla del león luego a la del toro a la del hombre y a la del águila, y finalmente hasta el punto de comienzo para así cerrar la figura.

- La estrella de cinco puntas - dijo señalando las lineas de la figura formada por el hilo-, fue el Signum Pythagoricum, el símbolo sagrado de la armonía del cuerpo y el espíritu. Tradicionalmente se considera representativo de la magia blanca cuando señala hacia arriba y que los satanistas invierten derivando en cabeza de chivo. Fue la contraseña de una tendencia secreta de naturaleza gnóstica y para la francmasonería la estrella flamígera que ilumina la tierra con sus rayos de luz y del que la humanidad obtiene sus frutos porque da luz y vida a la tierra. En la iconografía Cristiana representa las cinco heridas del crucificado y su forma cerrada es símbolo de la unión en Cristo del principio y el fin.

Ante tantas explicaciones sentí miedo porque no sabía si hacíamos un signo sagrado o profano y preferí santiguarme. En el interior del pentágono tracé otra estrella uniendo los vértices. Así seguimos trazando los pentagramas interiores, ya orientados al altar o invertidos, hasta cuando el último se ajustó al tamaño de una baldosa. La estrella se acoplaba de manera perfecta al dibujo del mosaico y su geometría tendía a la forma de una G. El hermano dijo que levantara la baldosa pues allí debía encontrarse el tesoro. Me alargó el martillo y el cincel.

Antes de describir lo que siguió, debo confesar que me encontraba muy fatigado por la suma del trajín del día y el largo tiempo en vela, pues estaba a punto de amanecer. Tal vez eso explique lo que me sucedió.

Levante la baldosa y retire la arena para descubrir un pequeño cofre metálico. Miré al hermano buscando un gesto de aprobación y lo abrí. Una explosión de resplandor me fulminó. Quedé cegado por la luz y me recosté cerrando los ojos para descansar. Cuando me recupere vi que el hermano tenía en sus manos una preciosa cruz y me la entregó diciendo que el milagro había obedecido a la esperanza. Al recibirla mi mano se sobrecogió con una sensación dolorosa.

Los brazos de la cruz eran de oro macizo con los extremos en forma de trébol; al centro, una estrella de catorce puntas de variada pedrería custodiaba una gema mayor extraída de la cueva de la natividad. Me sentí indigno de sostener tan sagrada joya y se la devolví, pero me pidió conservarla. Como si hubiera algo más interesante, me dijo mirar en el hueco de donde la sacamos. Entonces fue cuando vi lo indecible.

Era una hendidura por donde se vislumbraba la divinidad. Una visión imprecisa y espantosa como la describe simbólicamente Ezequiel y que a Moisés le fue insoportable contemplar. Yo pude ver en un solo instante imágenes nítidas y simultaneas que me sumían en un sentimiento de admiración y alegría, pero sentí el terror que provocan las cosas que no comprendemos y retire mis ojos del orificio.