Nos escribe desde el País Vasco Robespierre Quintero, compinche de los tiempos de la Arteria, quien agradece que esta página alimente la añoranza de tantos emigrantes que conservan un amor entrañable por esta ciudad. Trascribimos sólo unos apartes de su larga y emotiva epístola:
"...Veo que aun perduran las obsesiones por Poe y que pretenden dar a los misterios de "Los crímenes de la Rue Morgue" y "El escarabajo de oro", una vuelta de tuerca literaria con los crímenes y caletas del narcotráfico. Me pareció muy curioso que combinaran un caso policial con una explicación sobrenatural; Chesterton solía hacer lo contrario.
...Espero que a esta edad no sigan, ustedes mis amigos, abusando del consumo de alcohol, de la soledad y de la pobreza...
... Me parece maravilloso que Medellín tenga su propio Aleph; siempre creí que esa fantasía era un privilegio argentino. Acaso eso pueda ayudar a superar el estigma de narco-violencia que nos deshonra ante el mundo y coloque el nombre de Medellín, sino junto al de las ciudades cultas, al menos con el de las bien educadas, sin embargo espero que al Aleph de Manrique no lo conviertan en un lugar de peregrinación o en un destino turístico. Desde la distancia sigo siendo el rastreador de misterios que se unía a sus discusiones y este muevo dato me obliga a listar otra modalidad de enigmas medellinenses, por ello quiero compartir algunas indagaciones para su Fantástica Medellín...
Luego de una reflexión sobre la prolijidad de Medellín para crear misterios policiales, Robespierre explica, con una verdad de Perogrullo, que los casos que refiere la prensa no solo quedan impunes por cuenta de la ineptitud y negligencia de las autoridades sino también por la indiferencia y hasta la aprobación de la gente. Lamenta que el asesinato no respete ni a los turistas y cita con tristeza los casos del comerciante italiano Mantobani y de los franceses Tison, Vial y Graesel, por hablar sólo de los últimos años. Pero estas cosas nadie las quisiera recordar ahora que celebramos el mundial subveinte. Los criminales de Medellín no tienen escrúpulos de clase, de raza o de frontera y su frialdad es tal que pueden provocar titulares como "El misterio del cadaver en la alacena" que recuerda al fantástico Stevenson de Las nuevas noches arabes.
Pero nuestro viejo amigo Robespierre quiere contar una historia verdaderamente aterradora, de las que no han sabido nunca ni los tímidos escritores ni los pusilánimes periodistas. Dice que en una noche entre el lumpen se la oyó narrar al Barquillo, a Jaime Espinel, pero que nunca la llego a ver impresa como cuento entre sus libros y ahora que el flaco había muerto nos quiere referir el relato para que lo publiquemos en este "Fantástico Blog". Nos promete intriga, suspense y terror con la historia de un joven poseído por el demonio, que una noche de diciembre asesinó a su propia madre y al cura que intentaba exorcizarlo. Luego también murió en su ley, con cincuenta puñaladas, y cuando su alma iba en busca de su merecida condenación, el mismo infierno lo rechazó y tuvo que volverse a vagar y lamentar su destino por las calles y esquinas de su barrio.
Le contestamos que felicitamos su aporte pero que antes habremos de contar otras historias y esperamos la mejor oportunidad para publicar su asombroso relato, después de que también podamos atender las solicitudes de Esteban Carlos para publicar su ensayo "Teoría personal de la biblioteca" y de Héctor Abad que nos insiste con su inédito "Tratado de la Librería", muy a propósito ahora que se ha hablado de la Biblioteca en expansión del señor Monsalve y de la Biblioteca Herética del hermano Fernando.
Cierro este interludio con la posdata que Robespierre Quintero termina su carta. Nos parece tan charra que esperamos no abusar de nuestros lectores.
¿En qué va a terminar el caso de la habitación carmín?¿Cuando contará Casanova sus desventuras? Un abrazo a La Negra; supongo que Yoyó terminó casándose con ella, envíenme fotos de los niños. Y ¿será que la hermanita de Raúl Voltaire, a quien pretendí con tanto empecinamiento, se quedó biata? ¿Podré tener aún esperanza?
Abrazos a todos.