28 de enero de 2011

Mentirás al prójimo como a ti mismo




Aunque ya en sí es extraordinario que en Medellín se haya escrito y publicado una obra que no le deba nada a la escuela escriturística de Mejía Vallejo, o a la narco-sicaresca o se subyugue a las condiciones de tema y estilo del mercado editorial, habremos de explicar al lector por qué en este blog consideramos que la novela de Esteban Carlos Mejía reúne los atributos universales y sempiternos de literatura fantástica. Tres puntos de vista tan disimiles como nuestros gustos y personalidades darán cuenta de las quiméricas situaciones y magníficos personajes que lo sustentan. Para Voltaire la tramoya que maquinaron el niño rico y el pícaro con suerte en el setentaipico, para burlar la presumida intelectualidad antioqueña, merece un lugar en la Historia Universal de la Infamia y una "medalla al mérito" a La Socarronería Paisa. Para Casanova son toda una fantasía las travesuras eróticas de Cé con Verónicagutiérrez, atizadas o mitigadas por sus angelitos de la guarda y dignas de contarse en las Mil y Una Noches. Yo, sin pretensiones eruditas ni presunciones pasionales, pero no menos visceral, me dejo llevar por el corazón y presento como modelo de personalidad fantástica a ese divino Valentín Carrasco, encanto y gracia bajada del mismo Olimpo, que soportó la descarada ordinariez de la antioqueñidad de entonces.

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Más que una quijotesca empresa editorial con el noble propósito de sacarnos del atraso cultural en que nos sumían los dirigentes de turno, etcétera etcétera, la editorial que tramaron los protagonistas de la novela, tuvo el ingenio de poner al alcance de todos los públicos el goce infame de la lectura: intelectuales y vulgares, universitarios y trabajadores, moralistas y morbosos, aventureros y contemplativos, amas de casa y holgazanes, todos pudieron tener en aquella época el libro y el autor del género de su preferencia: libros de antropología, de filosofía y hermetismo, libros policíacos y novela negra, libros de vaqueros editados y distribuidos por la Far West Press, libros de erotismo publicados por la editorial La Chimba de Lola y por supuesto los libros de economía política que se convirtieron en best seller y consagraron los nombres de Bandeirante y Trotwood. Por estas razones Medellín mereció el título de "La Alejandría Suramericana de la lectura". Fantástico es que la producción de los 1.054 títulos editados en diez años sean autoría de un mismo escritor: Cesar Augusto Vargas Restrepo. Su prodigio excusa toda acusación de fraude porque no se trata de obras firmadas con un falso nombre sino obras de diferentes espíritus, cada uno con su sello personal y carácter particular de género y estilo, que dictaban e imponían al amanuense César Vargas, quien no era más que una servil máquina de escribir que recibía los derechos de regalía por todos ellos. Fantástica es la manera como esta obra renueva dos clásicos efectos: la multiplicación del Doppelgänger y la magia de espejos que mete el libro real dentro de la ficción: el escritor Esteban Carlos, a este lado del espejo, se enfrenta en un conflicto de intereses, por derechos de autor, con el narrador César Vargas, al otro lado del espejo. En cuanto a la fantasía del doble, que recuerda al Dr. Yekill y Mr. Hyde, es aquí multiplicada por los referidos espíritus o demonios o heterónimos y, adicional mente, por una pareja de simpáticos ángeles de la guarda. La fuerza de esas personalidades las conoce el lector cuando advierte las circunstancias en que se ven implicados, imponiendo o defendiendo sus criterios; recomendamos especialmente los conflictos morales, que desatan los actos impúdicos de Cé Vargas, entre su diablo de la guarda Mingo Carnaval y su ángel de la guarda Domingosavio.


Una perspectiva bien diferente de lo fantástico es la que tiene un donjuán de segunda clase como yo a quien le ha sobrado encanto pero siempre se ha visto a gatas para financiar sus aventuras. No puedo menos que admirar y envidiar las tácticas amatorias de estos pícaros, con suerte y con riqueza. Valga considerar que la malicia de estas eróticas aventuras son aderezadas por el contexto de mojigatería de nuestra sociedad. Es por esto que considero una cómica fantasía las escenas de seducción, dominio y liberación con que Cé Vergas, perdón, Cé Vargas, estableció su relación con Verónicagutiérrez. Cómica fantasía es que la cosa más chimba de Bolivariana (hágase de cuenta una Natalia-Vergara con su vocecita clitórica y todo) llega hasta la puerta de su casa en busca de ayuda y esa misma tarde, luego de almorzar "espaguetis a la putanesca" y descorchar un Cousiño-Macul, se la come en la misma alcoba donde cumple sus deberes maritales. Fantasía es querer violarla en su propia fiesta, en su propia casa y en las propias narices de su mamá, de su papá y de su cornudo novio; lo cómico es salir violado luego de apremiantes e inútiles esfuerzos. Fantástico, y esta vez nada cómico, es sellar la morbosa relación de amantes con un acto aberrante de sodomía, que avergüenza al mismo diablo de la guarda. Aventuras todas que gozan de la gracia de perpetuar el eterno mito bíblico de La Caída por la tentación del fruto prohibido y que precipitó la desgracia de la humanidad y bendijo la existencia de los libertinos. Al Cesar lo que es de César, este satirómano en verdad tiene sus modos para desatar la bestia y salir impune. Pero el verdadero mérito está en el mago que mueve los hilos narrativos y que logra escandalizarnos y excitarnos y contagiarnos de risa y de lujuria.

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Por mi parte tengo que decir con orgullo que conocí personalmente a Valentín Osorio Carrasquilla en Versalles, cuando en el ochentaipico, recién llegado a Medellín, mi tío Bonifacio me mostraba los lugares y personajes más significativos de la ciudad. Ya por el halo mágico en que lo envolvían las bocanadas de humo y la solemnidad con que retiraba su pipa para soltar una risotada plena que inundaba todo el Salón y que llamaba la atención congraciada de los demás clientes, también atentos a la gracia de sus gestos y palabras, Carrasco llegó a representar una figura legendaria que dio color a la rutina de contar muertos en la sórdida ciudad que fue la Medellín de aquellos tiempos. Pero más que por esa presencia divina y mejor que esos delirantes y blasfemos sermones de sus Obras Incompletas, que publicó etcétera etcétera, su talento estaba en la espontaneidad y humor con que inventaba historias y bromas, que será de cuanto se escribirá en la próxima semana, para no abusar más del tiempo y gentil atención de nuestros lectores.





21 de enero de 2011

El pacto de Versalles






Debemos a la conjunción de un espejo y unos libros la creación de este blog. La colección incompleta de narradores antioqueños nacidos en la segunda mitad del siglo XX se exhibía en la vitrina de una librería de Junín y a través de un espejo en la pared del Salón Versalles veíamos, confusamente, el retrato de Borges. Voltaire, Casanova y Yosinmás habíamos salido del Salón Málaga en busca de un tinto de Versalles para terminar la discusión que sosteníamos desde temprano sobre la fabulosa historia del final de siglo en Medellín, tiempo y lugar de nuestra añorada juventud. Caminábamos con cierto desgano cuando nos detuvimos frente a la vitrina para comentar los argumentos de los títulos que conocíamos. Voltaire (nada dice al lector el nombre de Raúl Higuita) sentenció que esa literatura se confundía de forma rastrera con los periódicos y se dejó caer con esta lapidaria sentencia: "En Medellín los ilegibles periodistas han usurpado el sagrado reino de la literatura". Casanova (careta más diciente que Enrique Moreno) sostuvo que las obras de Jorge Franco, Fernando Vallejo y Héctor Abad daban cuenta suficiente de esa terrible época: "Tienen esa fuerza expresiva del testigo presencial que nos conmueve hasta las lágrimas". Yo, más orgulloso porque me he creído Yosinmás, reconocí que estos escritores eran impecables, pero agregué con cizaña que lamentaba su resignación al realismo y su impotencia para hacer con tan rica materia: literatura fantástica.


Ya en Versalles Casanova me seguía justificando por qué Héctor Abad no se rebajaba al realismo, por más autobiográficas que parecieran sus fábulas. Voltaire insistía que ninguno lograba el genio para relatar la complejidad tragicómica de aquella época. Para no extendernos en discusiones bizantinas propuse que apostáramos con este blog que en Medellín hay tratamiento fantástico, así como Carrasquilla (que ese 17 de enero cumplía 70 años de muerto) apostó con Simón El Mago, ante El Casino Literario de su tiempo, que en Antioquia hay materia literaria. Y levanté como prueba la novela de Esteban Carlos Mejía: Mentirás al prójimo como a ti mismo. Acto seguido intentamos recapitular el pobre inventario de personajes fantásticos de aquellas obras y advertimos las reiteradas figuras de la mitología católica: el diablo, las brujas y la muerte, ya magistralmente fabuladas por Carrasquilla. El diablo rondaba sin ganas a los fantasmagóricos malevos de Mejía Vallejo, la pelona muerte sobrevivía acechando los despeñaderos de Fernando Vallejo y las brujas encarnaban en Rosario Tijeras y otras locas y putas de Jorge Franco. Los nuevos personajes fantásticos se reducían a contar esos dos geniales ángeles de la guardia del narrador de Mentirás al prójimo, Domingosabio y Mingo Carnaval, más los tres o cuatro demonios que lo poseían. Ahora que estaba de moda darle regalos a Medellín con motivo de su cumpleaños, Voltaire, Casanova y Yosinmás, nos propusimos emprender este blog para revelar o inventar los aspectos fantásticos que acaso puedan redimir éste infierno y mudar su imagen al de una mitológica ciudad como la Buenos Aires de Borges, el París del Surrealismo, el Londres de Sherlock Holmes o la Praga de Kafka.

Claro que reconocemos nuestras limitaciones: Los tres juntos no lográbamos reunir el bagaje intelectual de Esteban Carlos, ni la preparación técnica de Jorge Franco y menos el talento y encanto de Héctor Abad. Es más, no somos de familias "acomodadas", no tenemos amigos influyentes y no alcanzamos méritos académicos ni profesionales, somos unos completos desclasados, unos renegados de la clase media, una cruza entre el ocio pequeñoburgués y la insatisfacción proletaria. Pero en esta particularidad radica nuestro valor agregado, en que daremos una versión diferente a la que nos tienen acostumbrados la aristocracia literaria y los profesionales de la palabra. Vallejo, que de las comunas sólo conoce las lucecitas que titilan en la noche vistas desde el balcón de su apartamento, sueña un sicario que asesine las personificaciones de su odio. Franco idealiza una sicaria muy chimba por quien delirar de amor y brincar en trampolín a una película de acción tipo americana. Es decir que en buena medida Medellín ha sido contada por los profesionales de la palabra que a falta de una vida emocionante, se propusieron coger los morbosos temas de la clase baja, a quien temen y desconocen. Nosotros, cansados de la pornomiserias, la sicarescas y el anecdotario del pobre barrio, decidimos contar las historias del puro pueblo, variopintas y multiformes, y de las que esperamos sean del gusto y entretenimiento del lector.

Entre tantas crónicas rojas, acaso acostumbrados a la indiscriminada masacre o a la imperante impunidad, ni las aparatosas descripciones de los Crímenes municipales de Darío Ruiz sospecharon del primer relato policial de Medellín, que este blog publicará como primicia, y que refiere el misterioso caso de muerte en cuarto cerrado que ocupó la atención de la prensa y la infructuosa inteligencia de los organismos de seguridad. Se contará la increíble y mística historia de Verónica Paniagua y su hijo, que pasó inadvertida por la secuencia trágica del Palacio de Justicia y Omayra Sánchez. Se conocerá la historia oculta del heresiarca y del aleph hallado en la iglesia de Manrique; de los miembros del Sanedrín que en El olvido que seremos se alude como el Grupo de los Seis, y que tuvo derivación en el caso de Los doce apóstoles. Se dará a conocer el informe secreto del virus que desató la pandemia que mató a miles de colombianos aquella aciaga época de fin de siglo y que los pusilánimes noticieros callaron por amenazas o por pago. En fin, todo un cadáver exquisito hecho de resonancias y reflejos, de retazos y pastiches, escrito a tres manos, en donde encontrará el lector, cada ocho días, una ocasión para debatirse entre el amor y el odio por esta fantástica ciudad.