13 de abril de 2012

El asedio









Voy huyendo de la bestia informe que prohijó la civilización. Escapo de la áspera urbe que habita, donde la he enfrentado desfavorablemente. Busco fatigado, aun no abatido, un lugar donde ponerme a salvo. Por poco caigo sometido a sus argucias, son tantos los que se doblegan a su voluntad que ahora sirven en una red de cómplices para generalizar la credulidad. Su gran ardid es volver norma sus decisiones a cuenta de centros de inteligencia que imponen sofismas que desvirtúan la Verdad. Su imagen no es ya de temible bestia apocalíptica, tiene lo que llaman presencia y una capacidad de mutación que confunde a los más avisados. A mí no me perdona que le haya mirado cara a cara cuando le sorprendí en el instante mismo que mudaba su máscara. Palideció y teme que revele al mundo sus secretos y ponga en evidencia su farsa; por eso no descansará hasta acallarme con la muerte. No me arriesgo aún porque podría perder antes mis seres queridos y abrigo la esperanza de que todos se salven. Por lo demás nadie me cree aun y si la contradigo me acusarán de hereje, de traidor y no dudarán en lincharme, en echarme a la hoguera. A ellos les seduce sus ricos modales, su don de gentes, la complacencia a las expectativas de los jóvenes y la venerable tranquilidad de los viejos. Y ¿quién les podrá borrar la sonrisa de conformidad y gratitud? No se cómo decirle que les impone sus condiciones, que juega con su libertad, que con esa sonrisa firman su condena y deberán pagar con su alma. Pero juzgan que no soy más que un resentido que no logra ajustarse a la dignidad del modelo y que las dudas son las que ocasionan mi angustia. No estoy loco, ni me consuela saber que hay otros que también buscan una salida que los libre de su implacable hostigamiento. Persisto en huir sólo porque abrigo la esperanza que en el horizonte se avizore un lugar donde poner a salvo mis hijos. Mañana, sin duda, cuando me canse de huir, volveré para enfrentarla con limpia desnudez.   (198*)


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Este texto es la transcripción literal de un manuscrito (en papel secante y pluma estilográfica) que encontramos entre los cuadernos de Marcos y que interpretamos como figuras premonitorias de lo que sucedería aquella noche fatídica, luego que compartiera el vino y la canción con nosotros. No faltará quien lo juzgue por delirios de persecución o un juego de palabras con alusión velada a sus campañas subversivas. Otros más atrevidos lo interpretarían como una nota suicida y que sus alucinaciones de víctima lo llevarían a hacerse propicia cuando advirtió el desenlace fatal. Nosotros que apreciamos la certeza de la Palabra lo dejamos a libre interpretación; como solía decir Mateo: "El que tenga oídos, que oiga... porque si viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.

Marcos antes de acostarse siempre leía para cansar los ojos y apurar el sueño. Después de un rato dejó sobre el nochero el ejemplar del Manual de Inmunidad y se durmió. En plena noche, cual big bang que rompe la nada, el ruido del teléfono le quebró el sueño y lo despertó como a una pesadilla. Aturdido y en ascuas por saber quién podría llamar a tales horas buscó a tientas en la oscuridad sin encontrar el aparato. Por un momento se ofuscó y creyó estar ciego, pues tenía los ojos abiertos y no podía ver la luz, mientras el timbre insistía con patético lamento. Alcanzó el teléfono. Al otro lado de la línea una voz agitada se afanaba por articular un mensaje. Sintió como si le hablaran desde otro mundo y en otro idioma, y quiso pensar que estaba soñando. Pero al otro lado se escuchaban las cosas tan vívidas, tan dramáticas que debía ser real. La voz tenía un tono alarmante y las palabras atropelladas daban un mensaje de alerta, pero Marcos seguía atónito en la oscuridad y no lograba comprender su significado. De pronto las palabras fueron ahogadas por un golpe seco. A un lado y al otro de la linea se quedó escuchando un silencio estremecedor, hasta que colgaron de un golpe y quedó el biii rasgando el sosiego.


La confusión impidió que Marcos identificara la voz. Repasaba las palabras que creyó escuchar: "Parir" no tenía sentido, tal vez le avisaban "partir".  Lo de "cayó la cabeza" le hacia temer un atentado contra el profesor J***. Pero era absurdo, si apenas hacía unas horas habían estado hablando con apasionamiento. Debían haber sido sus amigos, fastidiosos y borrachos, queriendo hacerle una broma pesada. Pero ellos no dirían una frase tan insólita y lapidaria como "busca una tabla de salvación". Marcos se negaba a creer que pudiera estar en peligro porque nunca conoció enemigos. "Escapar" también era sólo una metáfora, un signo que se escribía con tinta y no con lágrimas o sangre. 


Quería esperar que amaneciera para considerar las cosas con calma; el temor y la noche suelen mostrar fantasmas donde sólo hay sombras. Y esta vez los ojos sí le pesaban de sueño y la cama le atraía con fuerza gravitatoria. Tampoco sabía bien si estaba despierto o si aún dormía porque escuchaba, de modo impreciso y lejano, un ruido que persistía en su oído y que no era el pitido del teléfono. Era tan sutil que debió pensar que si dormía era el comienzo de una pesadilla y si estaba despierto era su obsesión por intensificar algún sonido. Pero este sonido aumentaba mientras sentía que su oreja crecía y el lejano ruido ya se acercaba tanto que entraba como un bólido por las sendas del pabellón auricular y se estrellaba en el tímpano, y nada lo detiene para que truene como martillo y retumbe como el yunque y sus nervios hechos trizas invaden su cuerpo que se baña de sudor y miedo, y un escalofrío le recorre los huesos. No era una pesadilla, abrió los ojos y sintió cómo el ruido entraba por la ventana abierta. Ubicó su origen, su procedencia. Se acercaba a gran velocidad por las calles, al dar vuelta en la esquina el ruido cobró la forma de un chirrido de carro. Se podía sentir la detonación de pistones, el crujir de metales, el rechinar vertiginoso de neumáticos sobre el asfalto. De pronto el carro frena estrepitosamente. Se detuvo frente a su casa. El pánico lo paraliza y comprende que vienen por él.


Todo sucedió muy rápido. Un tropel de hombres derribó la puerta sobrecogiendo con estruendos a todo al vecindario. El padre de Marcos alcanzó a tomar el machete para impedir el asalto. Los invasores, fuertemente armados, impusieron el terror derribándole al suelo e imponiendo órdenes con maldiciones que resollaban tras las capuchas. Pedían les dijeran donde se escondía, sin precisar el nombre de quien buscaban. "Debe ser un error" oyó a su padre recriminarles. Comenzaron a registrar la casa revolcándolo todo. Marcos escuchaba desde la habitación el llanto de su hermana, los lamentos de su madre, los reclamos de su padre y, aunque inocente, sentía pena por causarles aquella desgracia. Uno de los hombres exasperado por la infructuosa búsqueda forzaba la delación, agrediendo cobardemente a la madre. Marcos estuvo a punto de entregarse, pero antes su padre había intervenido para protegerla y enfrentó a los bandoleros advirtiéndoles que la vecindad estaba alertada. Esto dio valor a Marcos, que permanecía como estatua abrigado en una sábana. Al fin los hombres descubrieron una habitación hacia el fondo donde aún no habían registrado. Cuando los hombres rompieron la puerta de su habitación, Marcos había dejado la sábana y había escapado por el solar en calzoncillos.





30 de marzo de 2012

El Informe



No teniendo ningún otro motivo fuera del de obtener el bien público de mi país.






Si presumimos de viejos mosqueteros, que hace poco más de un año pactamos en Versalles estas crónicas de los ochenta, seríamos poco menos que tres don nadies sin nuestro D'artagnan. En aquellos años éramos cuatro jóvenes entusiastas que prometíamos ser "uno para todos y todos para uno". Mientras nosotros fanfarroneábamos de Voltaire, Casanova y Yosinmás, Marcos cumplía el simple papel de sí mismo y con su auténtica honradez y obstinación por la verdad se convirtió en un héroe, pagando el consecuente precio con su sangre. Por la urgencia de referir esta historia decidimos aplazar el final del relato de Casanova Moreno para escribir, a tres manos, la historia de Marcos Espinel. Con el apoyo documental de archivos y manuscritos que consultamos,  de testimonios y confesiones que recogimos y de recuerdos episódicos que nos dejó su trato personal, pretendemos recrear los últimos días de su vida y completar así esta pentalogía de aquellos años apasionantes


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El suplemento Científico, anexo a los principales periódicos del país, publicó en agosto de 198* el artículo que aquí transcribimos y comentamos. Informa sobre la investigación que adelantaba un equipo de científicos de la Universidad de Antioquia que prometía importantes descubrimientos para el desarrollo y la calidad de vida de los colombianos. El asunto causó conmoción no solo en los círculos académicos sino que, por sus implicaciones de salud pública, involucro los planos político, económico y social del país.


Algunos artículos publicados con posterioridad intentaron corregir o atenuar delicadas revelaciones, pero ya se había desatado una opinión desfavorable que tendía obstáculos a la investigación. Este texto, pese algunas mutilaciones, expresa valiosas observaciones. Los ejemplares destinados a los archivos desaparecieron misteriosamente. Por discreción me veo en la necesidad de mantener en reserva el nombre de su responsable.

"La Universidad de Antioquia ratifica el liderazgo en la investigación en Colombia. Esta vez un selecto grupo de profesores y estudiantes nos sorprende con un descubrimiento que significará una verdadera revolución. De alcanzarse los loables objetivos de este proyecto estos científicos serán considerados como próceres de una nueva sociedad.

"Por cosas del azar, que es fama participa modestamente de inventos y descubrimientos, un grupo de investigadores del Área de la Salud, parece haber dado con la explicación de un problema que siempre estuvo asociado a los estudios del Área Social y Humana. Como esto amplia el campo de investigación, otros grupos que encuentran materia de interés allí, se han sumado al proyecto; proponen la creación de un Centro de Investigación Especializado y solicitan al Comité para el Desarrollo de la Investigación, CODI, mayores recursos a través del Fondo de Innovación.

"‘Históricamente los males que han aquejado a la humanidad han sido más terribles en tanto mayor fue su desconocimiento. Las devastadoras pestes que hasta finales del siglo XIX causaban miles de víctimas, hoy gracias a la ciencia se reducen a epidemias plenamente controlables: a las muertes antes llamada de repente hoy se discriminan bien sus causas y se tratan a la luz de la medicina procurando más años de vida para el hombre. Pero a lo largo del tiempo hemos convivido con ciertas enfermedades que por hacerse habituales se dejaron de estimar como un problema y ahora se aceptan con naturalidad; lo que se ha dado en llamar la especialización de las ciencias, solo ha hecho reducir los elementos de estudio para dejar de abordar con plenitud una materia. Así ocurrió con la idiocia, que en tiempos antiguos fue considerada un castigo divino, en el siglo XVIII pasó a llamarse oligofrenia y se entregó al castigo de la psiquiatría. De lo que hasta el momento no se habían percatado los psicólogos es que muchos de los problemas de su especialidad son versiones ordinarias del viejo y conocido mal de la idiotez.

"La identificación de la falsa inocencia de este mal, cuya peligrosidad aumenta por la sutileza de su manifestación, abrió el camino para que los investigadores hicieran la valiosa revelación de que la desdeñada idiotez tiene junto a la pulcra y habitual estupidez una misma causa identificada con un virus. El grupo de inmunovirología, descubridores del patógeno microorganismo, han dado en bautizarlo como mente catus.

"Ya que el descubrimiento convierte la estupidez en un caso epidemiológico, que pronto se transformará en un problema de Salud Pública, los grupos de investigación hacen ya sus aportes. Gracias al de Patogénesis de las Inmunodeficiencias se tiene ya un diagnostico que, aunque insuficiente, permitirá tomar algunas medidas preventivas. Existe la posibilidad de que en algunos años de ardua investigación se pueda encontrar la vacuna, que si no logra remediar todo el mal al menos reduzca el riesgo a que se exponen las generaciones futuras.’

"Curiosamente ha sido en las últimas décadas cuando el mente catus se propagó vertiginosamente. Es paradójico como el progreso con sus fantásticas tecnologías ha facilitado su transmisión: Antes un pequeño pueblo indiferente a los avances modernos corría menos riesgos de contraer el virus y ahora no hay lugar que no sea vulnerable. Sin duda[1]..........es un excelente agente de propagación, su especial modo de incubar el mente catus ha sido de particular interés para los epidemiólogos. Se estima que una hora de cine americano, o media hora de telenovela mejicana, o más de quince minutos de noticieros nacionales, exponen desprevenidamente a por lo menos veinte millones de personas que aumentan en cuatro puntos la imbecilidad. Hay gran preocupación por el aumento de estos índices a medida que las tecnologías se hacen mas ágiles y novedosas.’

"El estudio de vulnerabilidad que clasificó la población ha discriminado varios tipos de virus según la clase social, la profesión, el género, la formación, el oficio, las aficiones, la edad, etc. Se sabe, por ejemplo, que el virus que antes atacaba al muchacho a partir de los dieciocho años hoy lo hace estúpido a los once o doce. El estudio además señala aspectos que favorecen el virus como el dinero en exceso, los cargos inútiles, los oficios especulativos, la politiquería, la formación militar y las aficiones en masa. Pero agrega igualmente algunas recomendaciones: dar el dinero a los pobres, ejercer actividades artesanales y leer libros inútiles.

"Pero tal vez lo mas relevante de la investigación, sea la descripción del modo de operar del ...."

[1] Aparece tachado en el ejemplar en que transcribimos

El informe se suspende aquí porque manos criminales eliminaron la página que le daba continuación. Agregaremos alguna información confidencial, adquirida de personas implicadas al proyecto y que con la debida cautela revelamos, que acaso permita deducir por qué los investigadores pagaron el precio de revelar semejante verdad.

El estudio señala los focos de contagio, más nocivos por la facilidad con que propaga el virus y la gran densidad de población afectada. Dice que la estupidez mas barbara es la del poder, que desde el foco de la política se difunde con mayor contundencia; hay que ver como este mal hace que un pelafustán, a fuerza de cinismo, llegue a disponer como propio del bien público y lo dilapide cuando al fin reconoce que le es ajeno. Pero el virus de los estereotipos es el que mas se propaga por la eficiente incidencia que tiene desde el foco comercial; cuenta con gran aceptación por su gran atractivo y porque promete a la víctima paraísos artificiales. El estudio habla de otros focos, no deja de aludir a los idiotas útiles, los estúpidos por méritos, los expertos en imbecilidad, etc.


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Aunque nos neguemos a creerlo las empresas humanistas tienen enemigos. Desde que la ciencia tomó cartas en los problemas del país han sido muchos los investigadores a quienes se les ha cobrado cara la intromisión. Entre 1987 y 1988, en sólo cinco meses, fueron asesinados tres importantes investigadores de este proyecto, sin contar los que adelantaban acciones paralelas en la misma dirección. El nombre de Marcos no aparece en ninguna lista, es una sombra entre las sombras, por eso esperamos que este relato logré, al menos mientras se lea, resucitar a nuestro amigo del silencio y que La Palabra sea el lugar de sus apariciones.